lunes, 6 de julio de 2015

lingüística: el análisis de la lengua
A lo largo de esta presentación de la lingüística hemos recurrido a varias
nociones que, en su momento, nos han servido para comprender las bases de la
existencia del lenguaje y sus propiedades. En esta tercera parte retomaremos
esas nociones para relacionarlas con el estudio de lenguaje ya que, en realidad,
de allí provienen.
Empezaremos entonces definiendo la lingüística. La más general y
conocida de estas definiciones es la que señala que la lingüística es el estudio
científico del lenguaje.
John Lyons (en Introducción en la lingüística teórica. Barcelona, Teide.
1973) nos da su definición de la lingüística en estos mismos términos:
La lingüística puede ser definida como el estudio científico del lenguaje. (...) por
estudio científico del lenguaje se entiende su investigación a través de
observaciones controladas y empíricamente verificables y con referencia a alguna
teoría general sobre la estructura del lenguaje. (op. cit.:1)
Lyons nos aclara lo que significa el calificativo de "científico" en esta
definición: el estudio del lenguaje se realiza siguiendo una rigurosa metodología
para obtener los datos que deberán sistematizarse de acuerdo con una teoría
general del lenguaje. En otras palabras, el estudio del lenguaje no puede limitarse
a la simple recolección y presentación de datos dispersos, estos deben servir para
demostrar o comprobar hipótesis y teorías que nos permitan, a su vez,
comprender mejor la naturaleza del lenguaje.
Por todo esto, la lingüística puede definirse como una ciencia teórica y
práctica a la vez, pues no puede conformarse con presentar teorías: debe
demostrarlas y, al mismo tiempo, tampoco puede contentarse simplemente con la
observación y descripción de los hechos: debe verificarlos y utilizarlos para
confirmar sus teorías.
Ahora bien, ¿dónde obtiene la lingüística sus datos? Obviamente esta
pregunta se responde diciendo: en el lenguaje. Sin embargo, tal como hemos
dicho anteriormente, "el lenguaje en sí mismo reúne una multiplicidad de
elementos que son idénticos en su base pero diferentes en la superficie, es decir,
que están constituidos de idéntica manera pero cuyos elementos varían de una
comunidad a otra: las lenguas".
En otras palabras, el lenguaje en sí mismo es una entidad abstracta, que
podemos definir solamente a partir de lo que observamos en sus realizaciones
concretas: las lenguas. Así, la capacidad humana para crear lenguajes se
manifiesta siempre a través de una de ellas.

De esta manera, la definición puede completarse en estos términos: la
lingüística se ocupa de la descripción y explicación de los procesos que se
dan en las distintas lenguas del mundo: sus relaciones internas y sus
funciones en la sociedad. En el tudio científico de las diferentes lenguas, la
lingüística encuentra los datos necesarios para demostrar lo que es común a un
grupo de esas lenguas o a todas ellas (propiedades definitorias) y, a partir de esos
datos, formula las teorías que permiten describir y explicar la capacidad general: el
lenguaje.
Los niveles de análisis lingüístico
El lenguaje y, específicamente, nuestra lengua materna nos resulta tan
familiar y tan cotidiana que pocas veces nos detenemos a pensar en sus
características y en la cantidad de funciones que cumple en nuestra vida diaria.
Cuando hemos llegado a este punto de nuestra explicación estamos seguros de
que usted ya ha empezado a prestar más atención a su lengua y a interesarse por
conocer más sobre su naturaleza y los procesos implicados en su adquisición y
desarrollo (al menos así lo esperamos). También estamos seguros de que usted
ya ha notado que esa capacidad de comunicarnos mediante una lengua no es tan
simple como parece. Pues bien, la lingüística también se ha dado cuenta de ello,
por esto, el estudio científico del lenguaje se divide hoy en día en varios niveles de
análisis que se ocupan de un aspecto particular de la totalidad compleja que es el
lenguaje. Estos niveles son los siguientes:
a) el nivel fonético y fonológico;
b) el nivel morfológico y sintáctico;
c) el nivel léxico y semántico; y
d) la pragmática.
El nivel fonético y fonológico
La fonética es el estudio de los sonidos de una lengua.
Al hablar regulamos la salida del aire por la nariz o por la boca y, además,
la modificamos pues las cuerdas vocales, la campanilla, la lengua y los dientes,
entre otros órganos, se ocupan de obstaculizar de varias maneras la salida del aire
y así, cuando éste por fin sale, produce diferentes sonidos.
Haga usted mismo el experimento: deje salir el aire naturalmente por la
boca, como en un suspiro, producirá un sonido parecido a una A, pero si ahora
hace lo mismo y "cierra" la salida del aire juntando los dientes entonces producirá
una S; ahora ponga la punta de la lengua contra los dientes de arriba: el sonido
será parecido al de una L... pero si luego hace vibrar la punta de la lengua (en esa
misma posición) estará produciendo una R. Este es el trabajo de la fonética:
estudiar lo que hacemos para producir los diferentes sonidos del habla, también se
ocupa de estudiar cómo viajan en el aire estos diferentes sonidos y cómo los oye
finalmente el receptor. Para este trabajo existen hoy en día sofisticadísimos
instrumentos de medición y control de los datos. Así, podemos retomar lo dicho
hasta aquí diciendo que: la fonética es una parte de la lingüística que se ocupa de
estudiar los sonidos del habla y se ha especializado, a su vez, en el estudio del
modo como se produce (fonética articulatoria), se transporta (fonética acústica) y
se recibe el sonido (fonética auditiva).
Por su parte, la fonología se encarga de formalizar los datos sobre los
diferentes tipos de sonidos que hay en la lengua para poder establecer cuáles son
los que, verdaderamente, tienen una función diferenciadora en la lengua es decir,
los que sirven para diferenciar palabras. Esto se verá más claramente si
recordamos el resultado del "juego" que presentamos en la segunda parte para
explicar en qué consistía la segunda articulación del lenguaje:
Papa caPa cAmA COMO Pomo poCo Loco Coco coPA
cOma pocA
coLa bocA
Recordemos que este consistía en cambiar uno solo de los elementos
constituyentes de la palabra para convertirla en otra palabra. En total, para formar
las palabras resultantes utilizamos siete elementos: C, M, P, L, B (consonantes) O
y A (vocales). Ahora ya podemos darle a esos elementos sus nombres
verdaderos, se llaman fonemas. Un fonema es una unidad de segunda
articulación, una unidad lingüística diferenciadora de significado.
Establecemos que dos elementos de la lengua son fonemas siguiendo el
mismo procedimiento con el cual "jugamos" antes: si comparamos dos palabras
casi idénticas, como tío / mío y encontramos que cambiando sólo uno de sus
constituyentes cambia el significado entonces podemos establecer que, en
español, distinguimos los fonemas /t/ y /m/, y si comparamos luego con río
entonces encontraremos una tercera distinción: /r/. En nuestro "juego" anterior
establecimos siete más. Así trabaja la fonología y con este procedimiento
determina cuáles son los fonemas que existen en la lengua.
El nivel morfológico y sintáctico
La morfología es el estudio de la forma de las palabras. Por ejemplo, si
comparamos las palabras: como / comes / come / comemos / coméis / comen.
Notaremos enseguida que en esta lista hay un elemento que se repite y otro
que varía, así:
COM
o
es
e
emos
éis
en
Lo mismo sucede en:
super HOMBRE cito
sote
En el primer ejemplo tenemos una raíz que se une con la flexión que
significa "presente del indicativo" (en español, obviamente). En el segundo
ejemplo, tenemos una palabra a la cual se unen una serie de sufijos (elementos
pospuestos a la palabra de base) o prefijos (elementos antepuestos). En ambos
casos lo que hemos determinado es el modo como está constituida la palabra
resultante: comemos o superhombresote. Este es el trabajo de la morfología.
Por su parte, la sintaxis se ocupa de estudiar el modo como se ordenan y
jerarquizan los elementos en la línea del mensaje. La unidad tradicional del
análisis sintáctico es la oración y en este nivel se estudia la conformación de las
oraciones en la lengua.
Sobre este punto no abundaremos mucho puesto que el estudio de la
sintaxis nos resulta familiar desde la escuela. Sólo agregaremos aquí que en el
nivel morfológico y sintáctico, así como en el que veremos a continuación (el léxico
y semántico), la lingüística se ocupa de las unidades de la primera articulación.
El nivel léxico y semántico
El léxico de una lengua es el inventario de las unidades que conforman
esa lengua. Cuando hablamos del "vocabulario" de una lengua nos estamos
refiriendo al conjunto total de palabras que hay en esa lengua, a su léxico.
El léxico de una lengua, evidentemente, es un conjunto abierto, pues está
constantemente enriqueciéndose con nuevas palabras, bien sea porque los
hablantes de esa lengua las inventamos, bien sea porque las tomamos prestadas
de otras lenguas. Y ¿por qué necesitamos nuevas palabras? La respuesta es
evidente: para referirnos a nuevas cosas. La palabra alunizar, por ejemplo, existe
desde hace muy poco tiempo en el léxico de nuestra lengua (y de cualquier otra
lengua), es una palabra derivada de luna siguiendo el mismo procedimiento que
utilizamos para derivar aterrizar de tierra. En ambos casos, tuvimos que inventar
una palabra para denominar una nueva realidad, algo que sólo es posible desde
que existen los aviones o los viajes a la luna lo cual, como usted sabe, es muy
reciente. En estos dos casos derivamos una palabra de otra, por lo tanto las
palabras como alunizar y aterrizar pueden estudiarse desde el punto de vista de la
lexicología tanto como desde el punto de vista de la morfología, tal y como vimos
antes.
La lexicología es el estudio del léxico de una lengua y de la manera como
éste se conforma, es también el estudio de los recursos de los cuales disponemos
para enriquecer el léxico.
Antes de pasar a la semántica, notemos lo siguiente: usamos también la
palabra "vocabulario" para referirnos al conjunto de palabras que una persona
conoce. El léxico es el conjunto de las palabras de la lengua y cuando decimos
que una persona tiene un vocabulario "rico" o "pobre" estamos relacionando el
total parcial de palabras que esa persona conoce con el total general del léxico,
estamos comparando, implícitamente, las dos cantidades.
Nos interesa llamar la atención sobre el hecho de que esta comparación
que podemos hacer entre dos personas no la podemos hacer entre dos lenguas
pues cada una de esas lenguas tendrá un léxico diferente pero, en ningún caso,
más "rico" o más "pobre" que la otra.
Por último, la semántica se ocupa del estudio del significado lingüístico.
Como vimos antes, el significado es el elemento que se relaciona
necesariamente con el significante para que podamos hablar de un símbolo o de
un signo. En el caso de los signos lingüísticos, la semántica se ocupa de
establecer cuáles son los procesos de significación en la lengua. Algunos de estos
procesos son conocidos seguramente por usted: los sinónimos y los antónimos,
por ejemplo, o bien la metáfora, son relaciones que se establecen entre las
palabras de acuerdo con su significado. La semántica se ocupa de estos procesos
y, además, trata de formalizar los elementos que "componen" el significado de
cada palabra, la constitución interna de este significado.
Ese instrumento de uso cotidiano: el diccionario, es el resultado del trabajo
que realizan los lingüistas que se dedican al análisis en este nivel.
la pragmática
La pragmática estudia todos los aspectos relacionados con el uso de la
lengua. Partamos de un ejemplo preciso, el que Escandell recoge de Voltaire:3
Cuando un diplomático dice sí, quiere decir ‘quizá’;
Cuando dice quizá, quiere decir ‘no’;
Y cuando dice no, no es diplomático.
En este ejemplo se toma en cuenta al emisor para determinar el
significado de lo que dice y esto implica entonces que el signo no es suficiente
para determinar el significado completo sino que debemos que apelar al
contexto para entender cabalmente el significado. Como hablantes, tenemos
que vérnoslas con el significado todos los días y sabemos que lo que oímos lo
dice alguien concreto en una situación concreta y, también, que para que la
comunicación sea eficaz, nosotros, como oyentes, debemos entender que el
lenguaje no es un simple sistema de códigos, como pudo ser pensado por
cierta lingüística ingenua. No hay equivalencia uno a uno entre el signo y su
significado.
Para la lingüística estos son problemas nuevos, no siempre se entendió
este aspecto de la comunicación. No se poseían herramientas para describir
aquellos aspectos que tenían que ver con los actos de habla, con los hablantes
en situación y ha sido la pragmática la que los ha venido proporcionando.
Tradicionalmente se consideraron los niveles de análisis fonético-fonológico,
morfológico-sintáctico y semántico. Ahora la lingüística ha incorporado un
cuarto nivel para poder dar cuenta de aquellos aspectos que muestran el
carácter complejo y manipulador de la comunicación humana.
Ahora bien, la pragmática se ha convertido en un componente más en la
comprensión de la naturaleza del lenguaje en los últimos treinta años. Pero,
qué hacia que la lingüística no se ocupara de estos problemas que hoy parecen
tan evidentes.
La lingüística había tomado un camino que la alejaba de la descripción
de los actos de habla. Se propuso construir una teoría que diera cuenta del
sistema lingüístico, del conjunto de invariables, de constantes, de universales.
La exclusión de los actos de habla del estudio de la lingüística se decretó
cuando Saussure optó por la lingüística de la lengua. (cf. Curso…, cap. IV). En
un principio, desde Saussure, se procedió a conocer el lenguaje como una
estructura. Esa fue la opción: la lengua en sí y para sí, constituida por una serie
de oposiciones. Estas oposiciones mantienen una relación de
interdependencia, conformando un sistema. Esta manera de conocer el
3 Escandell-Vidal, María Victoria. 1993. Introducción a la pragmática. Barcelona: Anthropos-
Universidad Nacional de Educación a Distancia.
lenguaje, llamada estructuralismo, privó en la primera mitad del siglo XX. Su
programa de conocimiento constituyó una herramienta importante ya que
colocaba a la lingüística en un terreno distinto al que había sido confinada
hasta el siglo XIX, la Gramática histórica comparada (cf. Curso…, cap. I). Uno
de los presupuestos teóricos del estructuralismo consistió, tal como está
formulado en el Curso de lingüística general de Saussure, en la disyuntiva que
se planteó: conocer la lengua o conocer el habla. Se optó por la lengua, y esta
opción relegó la realización, el plano del habla, el plano de la comunicación. Se
puso el acento en la significación en la manera como el hombre produce la
significación, en abstracto y esa decisión colocó la lingüística europea a
desarrollarse en esa dirección: sin acto de habla, de lengua sin acto y sin
actores.
La pragmática, entonces, como lo expresa Reyes “estudia, los principios
que regulan los comportamientos lingüísticos y las formas de producir
significado que no entran en principio en el dominio de la semántica: el
subsistema estudiado por la pragmática no esta siempre inserto en las
estructuras de la lengua” (1994:28).
Relaciones de la lingüística con otras ciencias
La lingüística es, en sí misma, una ciencia autónoma, independiente, que
cumple con el requisito inicial de toda ciencia: tener un objeto de estudio propio y
dedicarse a su análisis siguiendo el método científico, tal y como lo expusimos
antes. Sin embargo, la realidad del lenguaje es sumamente compleja y, por ello, la
lingüística tiene que relacionarse con otras ciencias para poder así conceptualizar
y explicar mejor la realidad del lenguaje. En estos casos, la lingüística da lugar a
una serie de terrenos de estudio interdisciplinario y se sirve de los conocimientos
que éstas producen al mismo tiempo que aporta sus conocimientos para poder,
como acabamos de decir, comprender mejor el lenguaje y, con ello, a su creador:
el ser humano.
Michael A. K. Halliday nos presenta un cuadro en el cual se resume
gráficamente el vasto campo de estudio que ofrece el lenguaje así como las
múltiples relaciones interdisciplinarias que son posibles a partir de la lingüística
(tomado de M.A.K. Halliday. 1982. El lenguaje como semiótica social. México,
Fondo de Cultura Económica.
Este cuadro resulta sumamente interesante pues presenta, en el centro, al
lenguaje tal y como lo hemos presentado hasta aquí: un sistema de signos que se
analiza en varios niveles de acuerdo con el aspecto que nos interese
fundamentalmente. Además, nos muestra las relaciones del lenguaje como medio
de "distanciamiento" y abstracción de la realidad por una parte (conceptual: la
lengua como conocimiento) y, por la otra, las relaciones con la situación concreta
en la cual se emite un mensaje y las múltiples funciones que ya señalamos
(situacional: la lengua como comportamiento). La línea punteada que circunda el
gráfico delimita el terreno del estudio lingüístico y todas las flechas que salen de
allí señalan una relación posible con alguna otra ciencia.
En la próxima parte consideraremos más las relaciones que la lingüística
establece con la medicina, la sociología y la psicología, dando lugar a
"interdisciplinas" como la neurolingüística, la sociolingüística y la psicolingüística,
respectivamente.

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